La vida de Emilia Clarke dio un giro inesperado a la temprana edad de 24 años. Acababa de terminar de filmar la primera temporada de Game of Thrones, un proyecto que la convertiría en una celebridad global, cuando sufrió un aneurisma cerebral potencialmente fatal. A pesar del costo psicológico y físico que la recuperación y la cirugía implicaron, Emilia mantuvo su firme determinación de seguir su pasión por la actuación. Como muchos artistas, Emilia recurrió al ejercicio físico como una forma de reducir el estrés después del exigente horario de filmación. Pero lo que parecía ser un entrenamiento de rutina se convirtió en una emergencia médica. Su dolor de cabeza se convirtió en un intenso dolor y náuseas, lo que requirió una visita a la sala de emergencias.

Inicialmente, los médicos tuvieron dificultades para determinar qué estaba causando su sufrimiento. Finalmente, se descubrió un aneurisma roto mediante una resonancia magnética y una tomografía cerebral. Se llevó a cabo un cuidadoso procedimiento de tres horas, demostrando la competencia del equipo médico.

Después de la cirugía, Emilia tuvo que lidiar con un nuevo problema: la afasia, un trastorno verbal similar al que afectaba a Bruce Willis antes de su diagnóstico de demencia. Le llevó una semana agotadora recuperar su nombre completo.
